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¡¿Qué pasa?! Son las tres de la mañana. ¿Vamos a trabajar a esta hora? Esto es lo único que me faltaba, esta mujer no tiene límites. ¡Ah!, pero eso sí, ayer anduvo en la farra en lugar de ponerse a trabajar, si no se hubiera ido con el supuesto galán, hoy no tendría que levantarse a esta hora. En fin, a darle a las teclas que para luego es tarde.

¿Qué? ¿Ahora, qué? ¿Por qué sale corriendo en plena obscuridad? Díganle a la memoria que se ponga a hurgar en los archivos de caídas absurdas y golpes estúpidos para que pare esta carrera sin sentido. ¡No! Perdió el equilibrio, se los dije, esta mujer no sabe caminar, menos correr. ¡¿Con qué se tropezó?! ¡¿Con el perro?! Pero qué hace el perro a la mitad del pasillo. ¡Vamos todos en picada! ¡Ayudaaaa!

Dios, este golpe ha sido un madrazazo. Pero qué pasó. A ver, hagamos un recuento de los daños. Yo. Yo estoy completo, no tengo rasguño alguno, nada me duele, la cabeza humeral está bien. Pero…, ¿dónde demonios estoy? Éste no es mi lugar. Y… estos huesos, ¿qué hacen aquí estos huesos? ¿Dónde está el omóplato? ¿Dónde quedó? Ay, mi compañero inseparable, dónde está. Y, ustedes, ¿qué hacen aquí? No me digan que ustedes son las costillas. Estoy lejos de mi lugar, de mi hogar. ¡Qué hago aquí! Calma, calma. Respira profundo, todo va estar bien.

Creo que esta mujer se está poniendo de pie. Seguro en unos instantes más le manda la información a los músculos para que me lleven a mi lugar. Ahora…,  ¡ahora! ¿por qué no hacen algo los tríceps y bíceps? ¿Qué? ¿Qué demonios? ¿Por qué no se mueven? Les recuerdo que yo solo no puedo moverme, hagan algo. Pentabíceps  y tendones dejen a un lado los lloriqueos y llévenme a mi lugar. ¡Ay! No puede ser, estoy atrapado entre músculos que gritan y tendones que lloran. Pero si el que verdaderamente está sufriendo aquí soy yo al estar en medio de no sé dónde, solo, sin mi amigo el omóplato. A ver, compañeros, ayúdenme a regresar, ¿no ven que si no lo hacen voy a seguir estirándolos más y más y lo único que les provocaré será más dolor?.

Todo este brincoteo qué significa. Y esa sirena. Bien pensado, Patricia, una ambulancia nos llevará más rápido con un médico, por favor, de preferencia con un ortopedista del Hospital Ángeles. Perdón por tanto movimiento mis queridos músculos, tendones y ligamentos, sin su ayuda no puedo estar quieto. Vamos, vamos antes de que sea viejo y me dé osteoporosis. Que se apure este cacharro, que se apure. Este lugar me da miedo, no sé estar sin el omóplato. ¡Queeeeeé! Ay, no puede ser. ¡¿Estamos en el HGZ 32 del IMSS?! Y, todas las horas de trabajo para qué han servido, ¿para llegar al IMSS de Villa Coapa? No, bueno. Así o más jodidos.

¡Ay! Los minutos parecen horas. Ya, por favor, alguien que nos ayude. Anda, Patricia, anda, dile a ese viejo canoso de bata blanca que te ayude, que me ponga en el lugar correcto. Sí, te hizo caso, qué bien. Pronto voy a estar bien. ¿Qué dijo? ¡Qué me tienen que sacar una fotografía! Pero si este hombre está loco, fotos en un momento así, si no pienso publicar nada en Facebook, para qué fotografías, sólo le falta decir que quiere una selfie conmigo, con el húmero y hacerse famoso con todos los likes que va a tener. El flashazo estuvo bueno.

Ahí viene el viejo este de bata blanca. Siento su mano rodear la fosa radial. Sí, el cúbito y el radio se han empezado a mover, algo está por suceder. Ya casi, ya casi. Ese tronido de hueso es indicio de que…  ¡ya estoy en casa! ¡Omóplato querido, cuánto te extrañé! Sólo se necesitaba un movimiento sencillo para ayudarme. Gracias, viejo canoso.

3 pensamientos en “Fuera de Lugar por Patricia Arciniega

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